La dependencia
energética del petróleo es un hecho más que evidente en nuestros días,
con todos los inconvenientes que ello acarrea. Las economías del mundo están
sujetas a las volátiles cotizaciones del crudo, que últimamente no han hecho
más que crecer: la barrera de 200$ el barril de petróleo no
parece ya tan lejana. Esto repercute directamente en el coste que supone para
las economías domésticas mantener un vehículo propio.
Cada vez nos cuesta más
llenar el depósito y además lo hacemos drenando las reservas de petróleo de la
tierra, que al fin y al cabo son limitadas. Todo tipo de tecnologías
alternativas están surgiendo actualmente para paliar la dependencia energética
del petróleo y la contaminación derivada de su uso. En el mundo de la
automoción destacan especialmente las mecánicas híbridas de
bajas emisiones y el auge de los biocombustibles: bioetanol E85 y biodiésel B30 son los más
comunes.
Ahora
bien, los biocombustibles actuales se producen en su mayoría a partir de
vegetales como la colza o el maíz. En los países de Escandinavia la producción
de etanoles es sostenible, ya que no es a muy gran escala,
está muy regulada y hay incentivos fiscales para la venta. Es un hecho que más
de la mitad de las matriculaciones de Saab en Suecia son de modelos
que llevan el distintivo BioPower.
El problema viene por la fuerte
demanda de combustibles biológicos en el resto del mundo. Muchos
cultivos que antes se dedicaban a la alimentación son ahora destinados a
producir dichos combustibles provocando un sustancial aumento en el
precio de cereales y otros cultivos, con las consiguientes
repercusiones económicas. En muchos lugares del planeta se están
deliberadamente destruyendo ecosistemas para plantar cultivos destinados a
producir biocombustibles: en definitiva, una producción no sostenible.
Sapphire Energy es una empresa californiana que ha
dedicado mucho esfuerzo y recursos para desarrollar una alternativa sostenible
a los biocombustible tradicionales. Se trata de producir combustible a
partir de algas, agua y el proceso natural de la fotosíntesis. Es muy
sencillo, se cultivan algas microscópicas en tubos de cristal expuestos a la
luz del sol, en simples invernaderos.
El crecimiento de las algas es rápido y absorbe CO2
durante el crecimiento. El agua usada para tal fin es en su mayoría residual y
no potable. Una vez alcanzado cierto nivel de crecimiento en apenas días, se
convierten en combustible mediante un sencillo procedimiento que es casi 100% neutral en cuanto a emisiones de CO2.
Es decir, la casi totalidad de emisiones de CO2causadas durante su
producción se han compensado mediante la fotosíntesis previa de las algas.
Sapphire Energy recalca que su producto no es ni
bioetanol ni biodiesel, es simplemente biocombustible. Para probar la eficacia
del carburante, el dueño de la compañía cruzó el Atlántico en un avión
alimentado por dicho combustible, uno de los medios a los que mejor se
adapta esta fuente de energía. Otra compañía neozelandesa dedicada al mismo
campo de investigación demostró la viabilidad de su proyecto alimentando un Range Rover con un derivado de tales algas,
actuando como gasóleo.
Las ventajas de este nuevo
combustible son patentes, su producción en masa haría caer el precio
del carburante y la infraestructura de distribución ya está
consolidada en todo el mundo. Una vez se adapte a los disintos tipos de motores
su comercialización sería viable. Muchas grandes empresas y petroleras ven con renovado
interés las algas como fuente de energía, especialmente en estos
tiempos de precios alcistas y estrictas normativas ambientales.